Millones de esterillas de yoga recorren miles de kilómetros cada año antes de llegar a los consumidores

Cada día, millones de personas desenrollan sus esterillas de yoga en busca de equilibrio, bienestar y conexión interior. Sin embargo, pocas se preguntan cuánto ha viajado ese producto o qué emisiones ha generado en su trayecto hasta su estudio o su casa.

Se estima que alrededor del 70 % de las esterillas de yoga disponibles en el mercado están fabricadas con plásticos derivados del petróleo como PVC, TPE o EVA. La mayoría de estos productos se manufacturan en países asiáticos, principalmente China, Taiwán o India, y después recorren miles de kilómetros en buques de carga y transporte terrestre antes de llegar a Europa y otros mercados occidentales.

Esta extensa cadena de suministro incrementa de forma considerable la huella de carbono del producto y dificulta garantizar condiciones laborales justas en origen, así como la correcta gestión de los residuos generados durante su fabricación.

“Queremos que la gente compre menos, pero con mayor calidad y mayor trazabilidad”, afirma David Almazán, fundador de oléyoga. “Elegir esterillas fabricadas localmente con materiales naturales y procesos justos no solo reduce el impacto ambiental, también apoya a las personas que hay detrás del producto”.

Queremos que la gente compre menos, pero con mayor calidad y mayor trazabilidad

Más allá de su impacto climático, muchas esterillas de yoga fabricadas con PVC flexible contienen ftalatos y otras sustancias químicas. Con el tiempo, el calor, el sudor y la fricción pueden degradar estos materiales y liberar micropartículas que entran en contacto directo con la piel durante la práctica.

Desde una perspectiva ambiental, la producción de PVC flexible es uno de los procesos más contaminantes de la industria del plástico. Para darle elasticidad, los fabricantes añaden plastificantes, principalmente ftalatos, y otros aditivos. Una vez que el material se convierte en residuo posconsumo, su reciclaje se vuelve extremadamente complejo. La mezcla de compuestos y contaminantes impide obtener un material reciclado homogéneo y muy pocas instalaciones están preparadas para procesar este tipo de PVC, cuyo tratamiento también puede liberar gases tóxicos.

Como respuesta a esta realidad, varias marcas están promoviendo alternativas basadas en materias primas renovables. El caucho natural, extraído de la savia del árbol del caucho, se considera una opción sostenible porque es biodegradable y potencialmente reciclable o compostable al final de su ciclo de vida. Mientras que una esterilla de PVC puede tardar más de 500 años en descomponerse y liberar microplásticos, una esterilla de caucho natural puede degradarse en aproximadamente cinco a siete años en condiciones de vertedero.

La producción local también desempeña un papel fundamental en la reducción del impacto ambiental. Fabricar localmente disminuye las emisiones asociadas al transporte internacional, reduce la dependencia de grandes flotas marítimas y terrestres y permite una mayor transparencia en todo el proceso de producción.

 

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oléyoga es una marca de esterillas de yoga sostenibles fabricadas sin plásticos, utilizando caucho natural. Diseñadas para ofrecer alto rendimiento, seguridad y bajo impacto ambiental, sus esterillas promueven una práctica consciente y ética que está alineada con el cuidado del planeta.